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Hace unos d√≠as recibimos la noticia de que el premio literario Giuseppe Acerbi, de Mantua, Italia, que en este 2009 se dedic√≥ a los autores argentinos traducidos al italiano, hab√≠a sido otorgado a la obra Final de Novela en Patagonia de nuestro querido amigo, el escritor chaque√Īo Mempo Giardinelli (Resistencia, Argentina, 1947).
Mempo1.jpg picture by antoniosarabiaEl Giuseppe Acerbi tiene un significado especial porque no es un premio al que puedan presentarse los autores. Lo otorga el p√ļblico. Cada a√Īo, en febrero, la ciudad de Mantua solicita a un equipo acad√©mico la selecci√≥n de cuatro t√≠tulos de la literatura de un pa√≠s y el galard√≥n es fruto de una original iniciativa de lectura comunitaria.
Mempo Giardinelli recibi√≥ la notificaci√≥n oficial el 8 de julio, en la que se consignaba textualmente que su novela Finale di Romanzo in Patagonia, de la casa editora Guanda de Mil√°n, “hab√≠a suscitado un gran consenso tanto por el argumento como por el estilo narrativo”.
13_elsa-osorio-1.jpg picture by antoniosarabiaEn Los Convidados nos apresuramos a preparar una entrada con la noticia y el tradicional fragmento de la novela ganadora cuando, apenas ayer, nos lleg√≥ una rectificaci√≥n. Resulta que por error se envi√≥ el mismo comunicado tanto a Mempo Giardinelli como a Elsa Osorio, quien tambi√©n era finalista con la novela Cielo de Tango, y durante un par de d√≠as nadie pudo entender qu√© pasaba. Finalmente lleg√≥ la aclaraci√≥n de los organizadores: el Premio Acerbi de este a√Īo a la literatura argentina corresponde a la novela Cielo de tango (Lezione di tango), de Elsa Osorio, y el Premio Acerbi a la literatura de viajes 2009 corresponde a Final de novela en Patagonia (Finale di romanzo in Patagonia), de Mempo Giardinelli.
Pues felicidades a los dos, viejos amigos y colaboradores de Los Convidados. Como ya teníamos listo el post con el texto de Mempo lo ponemos a él. La próxima semana estará Elsa con algunas páginas escogidas de Cielo de Tango. Hasta entonces.

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Sitges2.jpg picture by antoniosarabiaPas√© toda la semana pasada con mi hijo, Bruno, en Sitges. √Čl fue a seguir ah√≠ un breve curso de cine y yo a acompa√Īarlo unos d√≠as antes de la larga separaci√≥n del verano. Esta peque√Īa localidad de la costa catalana, con sus doradas playas atestadas de ba√Īistas, sus pintorescas callejuelas, sus elegantes v√≠as peatonales, sus peque√Īos restaurantes y caf√©s frente al mar, forma parte de la elite de sitios tur√≠sticos que bordean el mediterr√°neo y tiene mucho en com√ļn con sus pares en Italia o en Grecia.
Mientras Bruno asist√≠a a sus cursos por la ma√Īana yo me quedaba escribiendo en el hotel o, cuando me apetec√≠a estirar un rato las piernas, me dedicaba a explorar los alrededores en busca de un sitio agradable donde podr√≠amos despu√©s almorzar. Durante una de esas largas caminatas descubr√≠ una limpia y bien aprovisionada librer√≠a atendida por un joven empleado, calcul√© que no llegaba a los treinta, que sab√≠a bien de qu√© trataba el oficio. No ten√≠a en su cat√°logo lo que yo andaba buscando pero me ofreci√≥ lecturas alternativas y me recomend√≥ varias novedades interesantes que hab√≠a le√≠do √©l mismo. Fue una grata sorpresa. La mayor parte de las librer√≠as son hoy atendidas por un personal que, como dec√≠a Mendel, el entra√Īable bibli√≥filo del cuento de Zweig, deber√≠an acarrear piedras en lugar de andar metidos en libros.
Sitges-1.jpg picture by antoniosarabiaA poco rato de conversar con el culto librero descubr√≠ que se llamaba Enric L√≥pez Tuset (Tarragona, 1983) que √©l mismo escribe poes√≠a y que ha colaborado con ella en algunos n√ļmeros de la revista Salina. Actualmente, prepara un volumen de sus poemas en catal√°n.
Como una de las finalidades de Los Convidados es el dar a conocer nuevos autores mezcl√°ndolos con los de nombre ya consagrado, ofrecemos aqu√≠ a los lectores algunos poemas de Enric, traducidos por √©l mismo al castellano. Ojal√° les sorprendan¬†a ustedes¬†como me sorprendieron a m√≠ cuando me los dio a leer aquella ma√Īana en la librer√≠a de Sitges.

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NOCHE 655

Schehrezada dijo:
“…¬†Cuando hubo franqueado el √ļltimo arco, lleg√≥ al final de la avenida; y ante √©l, al pie de los pelda√Īos de m√°rmol lavado que conduc√≠an a la morada, vi√≥ a una joven que deb√≠a tener m√°s de catorce a√Īos de edad, pero que indudablemente no hab√≠a cumplido los quince a√Īos. Y estaba tendida en una alfombra de terciopelo y apoyada en cojines. Y la rodeaban y estaban a sus √≥rdenes otras cuatro j√≥venes. Y era hermosa y blanca como la luna, con cejas puras y tan delicadas cual un arco formado con almizcle precioso, con ojos grandes y negros cargados de exterminios y asesinatos, con una boca de coral tan peque√Īa como una nuez moscada y con un ment√≥n que dec√≠a perfectamente: “¬°Heme aqu√≠!” Y sin disputa habr√≠a abrasado de amor con tantos encantos a los corazones m√°s fr√≠os y m√°s endurecidos.
chess2MyUN.jpg picture by antoniosarabiaAs√≠ es que el hermoso An√≠s se adelant√≥ hacia la bella joven, se inclin√≥ hasta el suelo, se llev√≥ la mano al coraz√≥n, a los labios y a la frente, y dijo: “La zalema contigo, ¬°oh soberana de las puras!” Pero ella le contest√≥: “¬ŅC√≥mo te atreviste ¬°oh joven impertinente! a entrar en paraje prohibido y que no te pertenece?” El contest√≥: “¬°Oh mi se√Īora! ¬°la culpa no es m√≠a, sino tuya y de este jard√≠n! ¬°Por la puerta entreabierta he visto este jard√≠n con sus parterres de flores, sus jazmines, sus mirtos y sus violetas, y he visto que todo el jard√≠n con sus parterres y sus flores se inclinaba ante la luna de belleza que se sentaba aqu√≠ mismo donde te hallas t√ļ! ¬°Y mi alma no pudo resistir al deseo que la impulsaba a venir a inclinarse y rendir homenaje con las flores y los p√°jaros!”
La joven se ech√≥ a re√≠r, y le dijo: “¬ŅC√≥mo te llamas?” Dijo √©l: “Tu esclavo An√≠s, ¬°oh mi se√Īora!” Dijo ella: “¬°Me gustas infinitamente, ya An√≠s! ¬°Ven a sentarte a mi lado!”
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chess1.jpg picture by antoniosarabiaEl ajedrez ha sido una de las aficiones de mi vida. Un pasatiempo que por suerte comparto con algunos buenos amigos. Mempo Giardinelli, por ejemplo, a falta de un cuarteto para el domin√≥, no desde√Īa cambiar fichas por trebejos y retarme a una partida.¬†Durante los a√Īos en que coincid√≠ en Par√≠s con el colombiano Santiago Gamboa, √≠bamos por las noches al¬†acogedor bar del hotel Ritz, el¬†Hemingway, donde entonces hab√≠a instalada una mesita de ajedrez para entretener a los parroquianos. Ah√≠ jugamos multitud de partidas mientras yo paladeaba unos whiskies y √©l cierta bebida ex√≥tica, de la que he olvidado el nombre, con la que nuestro cantinero hab√≠a ganado un certamen internacional en Shanghai. No voy a decir el resultado de nuestros encuentros para no avergonzar a Gamboa, pero cada nueva noche, mientras acomod√°bamos las piezas para la primera partida, Santiago, con oportuna mala memoria, repet√≠a una frase que se ha hecho c√©lebre entre los dos: “¬Ņc√≥mo quedamos la √ļltima vez… dos a uno, verdad?”.

Otros muchos autores, desde Omar Khayam a Borges y de T.S. Eliot a Nabokov o Arreola, han sentido la misma pasi√≥n por el ajedrez. El autor de Lolita, quien elevaba el juego al rango de poes√≠a, hasta se entreten√≠a componiendo mates en dos o tres movimientos. La semana pasada, leyendo a Pessoa o, mejor dicho, a su eter√≥nimo Ricardo Reis, me encontr√© con un hermoso poema relativo al juego y me distraje traduci√©ndolo. Por cierto, tuve un problema que tal vez alg√ļn lector portugu√©s me ayude a dislucidar. Fue en el verso que dice E o de marfim pe√£o mais avan√ßado / pronto a comprar a torre, ¬ŅQu√© significa en portugu√©s, en t√©rminos ajedrec√≠sticos comprar a torre? Yo tuve la opci√≥n de traducir listo a tomar la torre, pero pens√©, mala intuci√≥n tal vez, que como era el pe√≥n m√°s avanzado estaba a punto de llegar a la √ļltima hilera y convertirse en torre. Cualquier aclaraci√≥n al respecto ser√° m√°s que bienvenida. Se me ocurre publicar la traducci√≥n ahora junto con un poco conocido texto de Arreola, a quien se le pod√≠a considerar un verdadero fan√°tico del juego-ciencia, y los dos poemas inolvidables de Borges que se refieren al juego. Se admiten aportaciones y sugerencias para ampliar la p√°gina. Lee el resto de esta entrada »

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Nstor.jpg picture by antoniosarabiaAdem√°s de mi amigo, y de vivir en Rennes, donde ense√Īa lenguas y civilizaciones hispanoamericanas en la universidad, N√©stor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) es mi entra√Īable contacto en Francia: forma el eje del pol√≠gono Argentina, M√©xico, Francia, Portugal, Colombia que me provee, s√≥lo Dios y √©l saben c√≥mo, de los elementos necesarios para preparar una deliciosa salsa mexicana de chile chipotle en Lisboa. Cosa de aderezar bien la comida y atenuar, al menos gastron√≥micamente, las saudades que asaltan a veces aun a la vista del Tajo.
Estos días recibí noticias suyas. En su correo anuncia que acaba de publicar un libro de ensayos sobre el sufrido país donde consigue los chipotles: México. Se titula Mexique. Conflits, rêves et miroirs. Me dice también, felicidades, que la edición cubana de Una vaca ya pronto serás (Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006) aparecerá en Arte y Literatura el próximo mes de octubre. Junto con las buenas noticias envió para Los Convidados un relato con una breve introducción que contiene, no todo es felicidad, una mala noticia. Me apresuro a reproducir más abajo ambos textos. En la introducción hace referencia a una entrada aparecida en este mismo blog el dos de noviembre del 2008: Amistad y traición a la Néstor Ponce. Gracias, Néstor, por la cooperación, la literatura y la amistad.

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En octubre de 2008, despu√©s de una cena que compartimos en Rennes con Rita Godet y Maria Val√©ria Rezende, Antonio Sarabia me propuso que le enviara un relato corto para que lo colgara en su hermosa p√°gina “Los Convidados”. Pocas semanas m√°s tarde, sal√≠a all√≠ mi cuento El d√≠a del amigo. Entre tanto, el coraz√≥n me hab√≠a andado dando unos sobresaltos y tuve que anular un viaje a M√©xico. Pero la p√°gina de Antonio me permiti√≥ hacer un paseo virtual y encontrarme con los mensajes de muchos amigos que andan por el vasto mundo. Entre ellos estaba uno de los protagonistas de mi relato, Marcelo Rocha, el Negro para los amigos. All√≠ dej√≥ un mensaje que todav√≠a pueden leer.
Nos conocimos en el Colegio Nacional de La Plata, en 1969. Est√°bamos en la misma divisi√≥n y compartimos muchas cosas juntos, pero curiosamente, pocas actividades nos reunieron: al Negro no le gustaba el rugby, no jugaba a la bocheta en el Bar Rivadavia de la calle 50 -calle donde transcurre el relato-, no iba a los partidos de f√ļtbol, no le gustaban las carreras de caballos ni la literatura. Sin embargo, tocamos en el mismo grupo de rock -al que como su nombre, Lapsus, se lo llev√≥ la historia- y compusimos con Eduardo Vega una canci√≥n, “S√≥lo gente”, de la que recuerdo parte de la letra y los tonos en mi bemol-fa-sol que le acomod√≥ el Negro.
Despu√©s se nos vino encima esa parte de la Historia narrada en El d√≠a del amigo y varios de los amigos del Colegio Nacional nos desperdigamos por el mundo. Muchos otros murieron bajo la dictadura. El Negro se qued√≥ en La Plata y se recibi√≥ de arquitecto. Nos carteamos, pero era de poco escribir. Nos hablamos por tel√©fono. Y sobre todo nos encontramos para comer y charlar durante horas, cada vez que regresaba a Argentina. En agosto del a√Īo pasado compartimos una larga y divertida comida en familia, en un restaurante en Gonnet, con Silvia y su hija, Agus. En diciembre mantuvimos una charla telef√≥nica y le cont√© en detalle mi problema card√≠aco. Parec√≠a como sorprendido de que nos pudieran pasar esas cosas. Nos repetimos eso de que no importa envejecer, sino que haya gente que todav√≠a siga naciendo.
El domingo 29 de marzo sonó mi celular.
A doce mil kilómetros de distancia, la voz pastosa y triste de Santiago me anunciaba que el Negro acababa de fallecer.
Se me ocurre que, en cierto modo, algo del Marcelo Rocha jovial, buena onda y buen amigo, quedó en ese cuentito. Ahora, cuando lo releo, y cuando releo su mensaje, me digo que para él, la amistad siempre fue algo verdadero.

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William Ospina (Padua, Colombia, 1954) tiene ya un nicho propio dentro de la poesía colombiana. Su enorme talento y la amplitud y calidad de su obra lo convierten en una de las grandes referencias del género (ver William Ospina y el soneto al instante, marzo 2, 2008, en este mismo blog).
Pero William es incapaz de quedarse quieto, y menos a√ļn trat√°ndose de literatura. Por eso en el 2005 hizo una primera incursi√≥n en la narrativa con su novela Urs√ļa, la cual tuvo una excelente acogida entre el p√ļblico y la cr√≠tica. Ahora, este jueves 4 de junio, con El Pa√≠s de la Canela, la segunda parte de lo que apunta ser una extraordinaria trilog√≠a, acaba de hacerse acreedor al XVI Premio Internacional de Novela R√≥mulo Gallegos.
William_Ospina_imagen_archivo.jpg picture by antoniosarabiaAl presentarla la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid, Ospina afirm√≥ que El Pa√≠s de la Canela propone una mirada sin manique√≠smo sobre la conquista de Am√©rica. El protagonista-narrador es un mestizo, hijo de un espa√Īol y de una ind√≠gena. De ese modo le es posible ofrecer una novela con la perspectiva de aquellos dram√°ticos acontecimientos desde la sensibilidad de alguien que pertenece a los dos mundos.
El 2 de agosto se le har√° la entrega oficial del galard√≥n que consiste en cien mil euros en efectivo y una medalla de oro. El premio fue creado en 1964 por el entonces presidente Ra√ļl Leoni para honrar la obra de R√≥mulo Gallegos, autor del cl√°sico costumbrista Do√Īa B√°rbara y en su momento tambi√©n presidente de Venezuela. Entre otros ganadores del certamen, que cumple cuarenta y cinco a√Īos, est√°n el peruano Mario Vargas Llosa, quien gan√≥ la primera edici√≥n en 1967, el Nobel de Literatura colombiano Gabriel Garc√≠a M√°rquez, adem√°s del espa√Īol Javier Mar√≠as, el tambi√©n colombiano Fernando Vallejo y el mexicano Carlos Fuentes.
William, viejo cómplice de Los Convidados y amigo personal de este autor, nos ofrece uno de los capítulos de la obra ganadora para deleite de los lectores del blog.
Otra vez felicidades, Willie, y gracias por el texto. Hasta muy pronto.
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Me encontr√© a Paco Ignacio Taibo II (Gij√≥n, Espa√Īa, 1949) durante el reciente Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n. Paco, pese a que lo conozco muy bien, se trata de uno de mis amigos m√°s antiguos y queridos, nunca deja de sorprenderme. C√≥mo le alcanza el tiempo para participar en el Sal√≥n, escribir, promocionar sus novelas por el mundo y mantener activo el bien aceitado engranaje que destapa cada a√Īo, durante el mes de Julio, una nueva edici√≥n de la Semana Negra es para m√≠ un misterio.
Foto07.jpg picture by antoniosarabiaPaco es infatigable, es cierto, pero ante todo es tambi√©n un visionario. Y lo es en todas sus empresas, tanto literarias como extraliterarias. S√≥lo √©l puede concebir un libro con la fuerza, la calidad, la magnitud, el aliento y la ambici√≥n de la biograf√≠a de Pancho Villa, por ejemplo, que lleva ya vendidos no s√© cu√°ntos miles y miles de ejemplares. O ese extraordinario acontecimiento entre verbena popular, feria de pueblo, circo, maroma, teatro y acontecimiento cultural, que es la Semana Negra de Gij√≥n en la que cada a√Īo recibe una oleada de excelentes escritores y m√°s de un mill√≥n de visitantes.
Fue bueno compartir con √©l la mesa y la conversaci√≥n. Me obsequi√≥, adem√°s, su m√°s reciente novela, De Paso, que me le√≠ de un tir√≥n en el camino de vuelta a Lisboa. Cuando le escrib√≠ proponi√©ndole hacer algo con ella en Los Convidados su escueto email de respuesta fue: “haz lo que m√°s te guste con eso”.
Pues esto es lo que me gustó hacer, Paco: elegí tres capítulos para los lectores del blog y sé que los van a disfrutar. Gracias, y suerte en la vigésimo segunda edición de la Semana Negra.

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CAP√ćTULO ONCE
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El patrón de la Cantabria me dijo:
-¬ŅQuieres mil pesos, Tom√°s?
Yo le dije que sí y le pregunté:
-¬ŅA qui√©n mato?
-Al gachupín anarquista, al San Vicente ese.
-Mitad y mitad -le dije, y él entendió luego luego, porque era una fiera para los negocios.
-Trecientos ahora y el resto cuando los periódicos saquen la foto del muerto.
-¬ŅY si no hay foto?
-Con la nota me conformo -dijo extendiendo los trecientos pesos sobre la mesa como un abanico.
El cabrón me daba puros billetes de a peso y de a cinco, para que parecieran muchos, y muchos parecían. Recogí el abanico y saludé llevándome dos dedos al sombrero.
Me fui a la cantina a pensar, y pens√©: Si voy a La Guadalupana a lo mejor el patr√≥n de all√≠ me da otros trescientos, y si hablo con los amarillos de Puebla, a lo mejor me dan doscientos por todo, y si hablo con el arzobispo a los mejor saco indulgencias desde antes; si le vendo la historia al Universal a lo mejor saco otros trescientos. Porque yo mato por dinero, pero no soy ning√ļn pendejo, y mi tirada es poner una curtidur√≠a en Ju√°rez, en Jim√©nez, lejos de aqu√≠, alg√ļn d√≠a.
En ésas estaba cuando llegó San Vicente. Yo hice como que estaba curándome de amores con unas copas, pero vino derecho a la mesa y se me sentó enfrente.
-Me dijeron que te dieron unos billetes para matarme -dijo en seco y sin saludar.
Ten√≠a la mano en el bolsillo de la chaqueta, y ten√≠a, “ten√≠a que tener” el dedo en el gatillo y la autom√°tica amartillada. De manera que le fui de frente y asent√≠.
-¬ŅCu√°nto?
-Trescientos -le dije. Y me quedé pensando quién habría sido el chismoso, que más habían tardado en darme la lana que en írselo a contar.
-Con dos deditos saca el dinero del chaleco y ponlo arriba de la mesa -me dijo.
La gente se iba juntando pero nada babosa, se pon√≠a detr√°s de √©l. Y estaba claro que si iba a haber plomazos, iban a la salir todos pa’ mi lado.
Extendí el dinero en abanico, tal como lo había recibido.
-Sabes que no es para mí, que yo no tocaría ni un centavo.
Asentí de nuevo. Y entonces supe todo.
-Gracias -me dijo, y se levantó.
-¬ŅSabes qui√©n me lo dijo y por qu√©? -me pregunt√≥ antes de salir.
-Creo que ya lo adiviné. Gracias.
San Vicente salió de la cantina sin mirar para atrás. Yo me tome el tequila que estaba a medio apurar y salí caminando despacio.
El cabr√≥n patr√≥n de la Cantabria le hab√≠a soltado el pitazo con alg√ļn empleado. As√≠, si yo no lo mataba, el me mataba a m√≠, y entonces le echaban a la polic√≠a encima y lo refund√≠an. Me dol√≠a, m√°s que la trampa, la falta de confianza.
Entonces, fui a las oficinas de la Cantabria, y le metí un tiro en la frente al tipo. La sangre se le mezcló con la baba arriba del escritorio de caoba. Los muertos hacen cosas raras.
Por eso ando por aquí, por la frontera, en lugar de tener una curtiduría.
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Encontrarse con Elsa Osorio (Buenos Aires, Argentina, 1952)¬†dedmordzinzkyquaiesdeseine.jpg picture by antoniosarabiacuando el azar, ese ir y venir por aqu√≠ y por all√° inherente a nuestro quehacer literario,¬†nos permite coincidir en alguna parte del mundo es una felicidad muy grande.¬†Elsa es una mujer dulce, inteligente, curiosa, bien informada, con quien es un placer compartir desde una charla de caf√© hasta una mesa redonda.¬†Eso acaba de suceder en el XII Sal√≥n del Libro Iberoamericano de Gij√≥n donde pasamos algunas muy agradables jornadas juntos. Elsa es una √°vida lectora de Los Convidados, “los domingos por la tarde en Buenos aires, me dice, antes de meterme en la cama”, y ya hemos publicado comentarios suyos en una que otra entrada. Hoy la tenemos por fin entre nosotros participando con un excelente relato de su libro Callej√≥n con Salida, que ofrece con much√≠simo gusto a los lectores de Los Convidados.

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Entre los invitados a la Primera Semana Internacional de Novela Hist√≥rica, celebrada del siete al diez de mayo en el marco de la feria del libro de Valladolid, me encontr√© con Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, Espa√Īa, 1960) al que me une una vieja y estrecha amistad y con quien tuve el placer de compartir una mesa redonda el s√°bado 9 por la noche.

Alfonso.jpg picture by antoniosarabiaAlfonso es tambi√©n un apasionado del siglo de oro espa√Īol; ha publicado dos hermosas novelas sobre el tema, Ladrones de Tinta (Ediciones B, 2004) y El Gabinete de las Maravillas (Ediciones B, 2006) cada una ganadora de un premio Espartaco de novela hist√≥rica. El s√°bado ambos nos divertimos en grande, espero que nuestro auditorio tambi√©n, tomando partido entre bromas y veras √©l por Cervantes y yo por Lope de Vega en las desavenencias que ambos sostuvieron durante sus vidas en aquel maravilloso y agitado siglo XVII.
Sin embargo, la más reciente novela de Alfonso, Las Caras del Tigre, publicada hace pocas semanas por Seix Barral, ocurre en pleno siglo XX y nada tiene que ver con la historia. Es un relato apasionante que anuda una intriga casi policiaca al origen de la especie humana y del que, sin traicionar los pormenores, ofrezco con la conformidad del autor uno de los primeros capítulos a los lectores de Los Convidados.
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AURELIO ARTURO Y LA TIERRA QUE CANTA

En una f√°bula de Borges, el rey pide al poeta unas palabras que no sean la descripci√≥n de la batalla sino la batalla. Y es el propio Borges quien nos dice que la diferencia entre el lenguaje verbal y la m√ļsica est√° en que el lenguaje quiere expresar la tristeza o la alegr√≠a, pero la m√ļsica es la tristeza y es la alegr√≠a. Tal vez la poes√≠a sea ese soplo de inspiraci√≥n misteriosa que hace que las palabras dejen de ser una alusi√≥n a la realidad, un modo de interrogarla o definirla, y se exalten m√°gicamente en esa realidad que est√°n nombrando.
aurelioarturo1.jpg picture by antoniosarabiaLos pa√≠ses americanos de habla espa√Īola vivieron durante siglos una dificultad casi inefable para que la lengua, llegada de tan lejos, expresara de un modo pleno el territorio. Pero ese fue su esfuerzo desde el comienzo, desde aquellas tardes del siglo XVI cuando Juan de Castellanos intentaba nombrar minuciosamente selvas y lagos, jaguares y anacondas, el salto venenoso de la rana escarlata y la dentellada del caim√°n en el flanco de la canoa. Esas cr√≥nicas tempranas ya viv√≠an el anhelo de encontrar en la geograf√≠a ignota de America un hogar, una patria, y s√≥lo as√≠ podemos entender la emoci√≥n de estas palabras de las “Eleg√≠as”: Tierra buena, tierra buena,/ tierra que pone fin a nuestra pena. Tardar√≠a mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano.
Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ning√ļn poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto una lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivi√≥ una de las aventuras m√°s secretas y conmovedoras de la lengua castellana en Am√©rica, y gracias a ella construy√≥ con el lenguaje lo que √©l mismo llamar√≠a su “Morada al Sur”.
Ese era desde siempre un anhelo continental. Estaba en Jos√© Hern√°ndez y en Oth√≥n, en Bello y en Guti√©rrez Gonz√°lez. Y despu√©s de la aventura magn√≠fica de los modernistas, que le dieron nueva gracia, elasticidad y eufon√≠a a la lengua, pero que se propon√≠an menos ser la voz de un territorio que el temblor de una √©poca, algunos poetas de Hispanoam√©rica de los a√Īos treinta y cuarenta del siglo XX se propusieron tareas muy distintas por cierto de las que se trazaban los espa√Īoles de la generaci√≥n del 27: los americanos necesitaban con urgencia que esa lengua tan nueva arraigara poderosamente en la tierra y la erigiera en morada. As√≠ vimos aparecer a L√≥pez Velarde en M√©xico, a C√©sar Vallejo en el Per√ļ, a Carlos Mastronardi en Argentina, a Aurelio Arturo en Colombia y a Pablo Neruda en Chile.
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