Me crucé con Néstor Ponce (La Plata, Argentina, 1955) durante una reciente conferencia a la que fui invitado por la Universidad de Rennes, en Francia, donde él ocupa la cátedra de profesor de lenguas y civilizaciones hispanoamericanas. NstorPonce9.jpg picture by antoniosarabiaRadicado en Europa desde 1979, Néstor es autor de un libro de poesía, Sur (1982) y de varios de ficción entre los que se encuentran La bestia de las diagonales (1998), Hijos Nuestros (2004), Perdidos por ahí (2004) y Azote (2008), así como de una Antología de la Novela Negra y Policiaca de América Latina (2005). Su quehacer literario ha sido galardonado tanto en su país natal, Argentina, con el Premio del Fondo Nacional de las Artes en 1998 por El Intérprete, como en México con el Premio Internacional de Novela Siglo XXI en el 2006 por Una vaca ya pronto serás. Ahora está de viaje precisamente allá, en esa descomunal maraña urbana que constituye el Distrito Federal, y hasta allá le va a buscar este saludo y nuestro agradecimiento por el breve y hermoso relato que tuvo a bien enviarnos para Los Convidados. Mucha suerte, y que no se le olviden los Chipotles.

 
EL DÍA DEL AMIGO

Los paraguas bailaban como hongos ondulantes por la Plaza San Martín cuando sonó el teléfono y el Negro atendió y me dijo tapando el auricular, che, es la vieja de Alberto Bertini, ¿te acordás?, y yo como que me sobresalté, porque era viernes y desde hacía una semana con sus días y sus noches, las gotas seguían repicando monótonas en el pavimento aceitoso de la avenida siete, bajo los focos amarillos, patinaban en las ramas peladas de los plátanos. El Negro levantó las cejas y bajó las comisuras, che, que lo parió, quién hubiera dicho, porque era la primera vez que un pescado gordo -familia de un Juez- nos hablaba al despacho, la primera luego de dos años que había colgado el diploma de abogado y veintitrés meses que decidimos -con mi socio el Negro Rocha – poner todos los ahorros de nuestros padres en el alquiler de este departamento que daba a la Plaza para instalar un escritorio. Estamos destinados a grandes cosas, me había dicho mi socio una madrugada solemne, cuando nos quemábamos las pestañas estudiando las materias de primer año y siete años después las grandes cosas tardaban en llegar, caracoleaban en los impases, seguíamos siendo un par de muertos de hambre con diploma, que vegetaban con asuntos que los compañeros de promoción mejor relacionados nos tiraban con lástima porque veníamos de una familia de pobretones y habíamos depositado todas nuestras esperanzas en el hipódromo y en un tío de Rocha, que estaba de suboficial del ejército, pero ni siquiera así emergíamos, porque en las carreras no acertábamos ni una, y mirá que en el despacho nos la pasábamos comparando los pronósticos de la Palermo con las páginas de turf de la prensa y la audición de Caballos, pasión de multitudes en radio Rivadavia. Hacíamos estadísticas y el Grone llenaba las fichas que al principio estaban destinadas a los datos de los clientes con los pesos de los jockeys, los hándicaps, los resultados de los burros. El tío, en tanto, era un tipo cetrino y que fumaba sin cesar, con los bigotes en forma de nudos, amarillos de nicotina y el tono seco del que está acostumbrado al mando sin que le discutieran ni una coma. Le decían “Dos Nudos”, y se cruzaba de piernas en el mejor sillón del despacho, chupaba el cigarrillo y dirigía la vista al techo para largar como quien no quiere la cosa ustedes esperen que todo esto se organice y yo les voy a conseguir algo, ya me lo tengo bien conversado a un coronel. Encendía otro rubio, pegaba un trago de whisky, suspiraba y yo pensaba que se estaban repartiendo todos los cargos, primero los vacantes en la ciudad y luego los de las ciudades y pueblos más cercanos de la provincia y que para nosotros, ni las migas, y que encima se vaciaba media botella cada vez que venía de visita. Se lo comentaba al Negro y se chivaba, no seas boludo, vos, después vamos a comprar cajas de importado, hay que estar listos, esta gente precisa cuadros administrativos, en cualquier momento nos llaman. Yo le insistía para que el tío nos diera el teléfono del coronel, para conversarlo directamente, pero sin éxito, mientras las hojas del almanaque gordo y acartonado del Banco Provincia iban a parar al cesto de la basura y nos seguían cayendo casos de mierda, litigios de propiedades de tierra en el culo de la provincia o comerciantes corruptos o fábricas que no habían pagado la coima al inspector y se encontraban con denuncias de no respeto de las condiciones sanitarias y entre todo eso llegaba la señora de la limpieza que vaciaba con parsimonia los tachos con nuestros análisis de las carreras, abría las ventanas para ventilar el olor a Jockey Club del Negro, lustraba la placa dorada de la puerta, iba a la cocina a cebar mate y se quejaba de las várices que le hacían la vida imposible. Y justo entonces nos hablaba la madre del Beto Bertini. El Negro me hizo señas para que agarrara el tubo y dije hola con mi mejor voz y me respondió un chisporroteo, una garganta con mucho tabaco o mucho dolor, ¿doctor?, ¿se acuerda?, ¿usted venía a estudiar con Alberto?, chisporroteaba la línea y yo me acordaba muy bien de todo eso, del café con leche en el jardín y de las tostadas con dulce de leche y señora, le dije, puede tutearme, por favor, con Alberto íbamos a jugar al fútbol, las rodillas lastimadas y las botellas de gaseosa después de los partidos, su casa quedaba cerca del Colegio Nacional y qué gusto sentarnos en el pasto a reírnos, ver como Manolo escondía un cigarrillo encendido entre los ligustros cada vez que la mamá asomaba la cabeza para saber si precisan algo, chicos, y después Manuco le soltaba te vas a reventar los pulmones, animal, y le pedía una pitada. Y si ahora hablaba era por un caso, por algo urgente, ¿podemos vernos hoy mismo?, es por un trabajo para vos, voy a ir con un muchacho amigo, del diario. Te decían “el diario” y vos sabías que era El Día, el periódico de la fundación. El periodista era un tal Eduardo Navajas, que conocía de nombre porque, por las mañanas, cuando encendía la radio en el despacho -yo llegaba siempre primero, con la esperanza de encontrarme con un cliente madrugador -, oía su voz en el informativo de las nueve. Esta misma mañana había repetido, casi textualmente, una nota que publicó en el diario. Con tanta lluvia, colmo de males, el río había crecido y media Punta Lara estaba inundada. “Cunde la alarma. Cientos de evacuados”, habían titulado en primera plana. No sé por qué me imaginé a Navajas en un Citroën verde limón, yendo hacia la costa para preparar la nota, envuelto en el ronroneo del motor, con la cara cerca del parabrisas y los anteojos como culo de botella achicándole los ojos. Seguramente de chico había sido muy miope y le daba vergüenza usar anteojos, después le dolía la cabeza y los compañeros de la escuela le gritaban dale, cuatro ojos… Antes de entrar al bar, bajo la lluvia, una lluvia lenta y pesada que entristecía la tarde, me ajusté la corbata y me aplasté las sienes engominadas. El Negro siempre me cargaba por ese tic, parece que fueras a pedir matrimonio, che. Ahí me encontré con que Navajas no usaba anteojos, llevaba el pelo largo y una barba de tres días que le daba una sombra azul al rostro y que destacaba la profundidad de unos ojos hechos para hablar con cierto fanatismo. Había colgado una cartera de cuero gastado en el respaldo de la silla y yo me crucé de piernas frente a él, seguro en mi traje azul y los zapatos, como siempre, muy brillantes. Me gustaba hablar con las piernas cruzadas, que me escucharan, pero el saludo de la madre de Alberto al entrar me sorprendió, la gente no nos miraba, pero yo sentía que paraban las orejas, atentos, la vieja me había abrazado, querido, tanto tiempo, tanto tiempo, qué alegría, qué bien se te ve, me dijo con su aliento a tabaco, acompañando las palabras con un ademán elegante, con una clase que no podían desmentir las ojeras violáceas y el cansancio de los movimientos. Más allá de la vitrina del bar, la lluvia no era ingrata, se hacía más bien torpe, ciega, con mala leche. Se pegoteaba al aire pesado y se quedaba ahí, observándonos. Me acordé de una de las historias boludas que inventaba Alberto, un día se le ocurrió que podía guardar una gota de lluvia en el bolsillo y plantarla en el fondo de su casa. Iba a salir un arbolito lleno de lágrimas, decía que se iba a poner abajo las noches de calor, con la boca abierta, para refrescar la tristeza… Manuco le decía calláte, pará con esas pavadas, y le pedía un rubio a Manolo. Estás al tanto por Alberto, ¿no?, me despertó la mamá. Le contesté que no, medio confuso, y me contó que lo habían secuestrado los parapoliciales hacía tres meses. Se habían llevado también al padre, a la hermana y al cuñado. No se sabía nada y a mí como que me entró miedo, sentía un frío azul que se me derramaba en el pecho, afuera sonó una sirena y los coches se echaron a ambos lados, hacia el cordón de las veredas, para franquear un paso en el medio de la calle 50. Un patrullero cruzó a mil, las armas colgando de las ventanillas, el faro rezongando destellos como puñetazos violáceos contra los edificios. La gente levantaba la vista como viendo llover, en las entradas de las galerías, los adolescentes hablaban a los gritos y se empujaban. Pero cuando caía la noche -y con el cielo cubierto no había transición: la oscuridad se desmoronaba, achicharrada y ronca -, la ciudad se vaciaba con el cubrefuego. Entonces sólo se oían las sirenas, los ladridos de los perros, algunos tiroteos. Pasó hace tres meses, volvió a decir la señora, la madre del que había sido mi mejor amigo, y anoche se llevaron a una de las madres de los desaparecidos. Se armó un silencio duro, crocante, y yo miré hacia la lluvia y Navajas dijo de repente, desconcertante, que ni te imaginás cómo está Punta Lara, con agua hasta la cintura y entre tanto los patrulleros que seguían pasando y por ahí hasta vimos un camión del ejército que se iría para un operativo del que al día siguiente no saldría nada en la prensa. Fue Navajas el que lo dijo, porque yo con eso no me meto, de esto, no sale ni minga mañana. La mamá de Alberto asintió y habló de los tiempos bravos y de las madres que manifestaban y Navajas leyó mi cara de desconcierto y la interrumpió para preguntarme si estaba al tanto. Yo ni idea, y el periodista me explicó que el movimiento había empezado en Buenos Aires, y que luego se extendió a Rosario, a Córdoba, a Paraná, a La Plata, las madres de los desaparecidos se reunían todos los jueves a las doce, con un pañuelo blanco y giraban en silencio alrededor de la plaza de la casa de gobierno, vueltas y vueltas, durante una hora, sin decir nada, ni una palabra, ni un grito, nada, y yo pensaba, pucha, desde que alquilamos el despacho, a unos metros de la casa de gobierno y ni nos enteramos, y por ahí solté, por decir algo, pobre Alberto, señora, no sabía nada. Hablé y me quedé huérfano en medio de la sala, como si se hubieran interrumpido las voces mientras la gente seguía gesticulando, el mozo pasaba con los pocillos de café y las teteras y las Cocas, voceaba los pedidos, y la madre no te preocupes, querido, no es nada, y me acarició el antebrazo. La vieja de Alberto seguía removiendo cielo y tierra desde el secuestro y entre trámite y trámite se había conectado con otros familiares. La gente se reúne, se organiza, es la resistencia, concluyó Navajas. ¿Y yo en todo esto? Precisaban un abogado para que las asesorara, consejos jurídicos, presentar habeas corpus para la señora que habían secuestrado. Me crucé y descrucé de piernas y adelanté la cara, me temblaba el estómago y se me ocurrió pedir un café para cambiar de tema, que no se notara, por Dios, que no se me notara la emoción. Esta noche nos reunimos, querido, van a venir dos monjas de la capital que cooperan con las madres de Buenos Aires, me dijo la mamá de Alberto, mi querido amigo, casi como el hermano que no tuve, las noches estudiando y mirando el cielo, fumando con los codos en la ventana, y los exámenes de diciembre, y las clases de inglés y de historia. La entrevista duró todavía unos minutos y salí con la dirección de la reunión bien guardada en un rincón de la memoria, la garganta reseca y ganas de llorar, pero en lugar de volver al despacho me levanté el cuello del piloto y caminé con las manos en los bolsillos bajo los techados de los negocios y me metí en la galería. En la cafetería pedí un whisky doble y encendí un Dunhill. Pegué dos sorbos rápidos, para calmar los saltos en el pecho y pedí el teléfono en la barra: pregunté por el suboficial y esperé un momento, cuando lo oí, enérgico, seco, le dije que quería una cita urgente con el coronel, que tenía un dato importantísimo sobre la subversión, algo gordo para esta misma noche, pero por teléfono no puedo decirle nada, entiéndame bien.
Antes de salir me ajusté la corbata y me apreté las sienes engominadas. Por suerte había dejado de llover.

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32 Respuestas a “Amistad y traición a la Néstor Ponce”
  1. Estimado Antonio. Buen texto. Buen autor. He podido consultar su texto ‘Antología de la Novela Negra y Policíaca de América Latina’ para mi tesis doctoral, en la cual uno de los apartados hablaba de ese tipo de novela. La suerte es que el fichero de la Biblioteca Nacional de Madrid tiene una entrada para él. Creo que es un gran autor y creo que ha sido un acierto traerlo aquí a colación. Te recomiendo que rescates uno de esos textos policíacos que recoge su libro, puesto que no tienen desperdicio y el género, en mi opinión, es el que teórica y estéticamente mejor representa el realismo literario actual. Un saludo, Francisco Peña

  2. Querido Antonio: ¡Pinches chipotles!
    Al final me quedé en rennes me quedé sin ir a México lindo…, porque a lo mejor casi me entierran allí…
    Tuve un problema cardiaco y salí del hospital el viernes 31d octubre. Ahora en casa para descansar una semana.
    No habrá chipotles, esta vuelta, pero qué ricos van a estar la vez que viene!!!
    Quedo espectacular tu “los convidados”. En tal caso, no se agradece, se felicita!
    con abrazo
    Néstor Ponce

  3. Néstor, espero que lo del problema cardiaco no haya sido serio. Yo anuncié que te encontrabas en México porque me lo mencionaste en Rennes. Siento que al final no lo hayas podido realizar pero no te preocupes, hay más tiempo que vida, otra vez será. Lo importante es que descanses y te pongas bien. Qué bueno que te gustó tu entrada en el blog. El texto se lo merecía, quien te felicita soy yo.
    Que te recuperes pronto.
    Un fuerte abrazo
    Antonio

  4. ¡Qué jodido! ¡Y qué buen cuento!
    Gracias, Antonio, por compartirlo.
    Un abrazo.
    Izaskun

    Último post en el blog de…Izaskun Legarza…Calaverita hecha por Sergio

  5. ¡¡Fantastico!!

    Felicidades Antonio por tus siempre acertadas y magnificas entradas.

    Es una delicia venir a visitarte.

    Un fuerte abrazo.

    Triana

    Último post en el blog de…Triana…Falso WordPress.- Wordpresz.org.

  6. pinti (1 comments) dice:

    Qué buen cuento, Chiquito! Volví a quinto tercera, a los amigos perdidos, a nuestra tragedia.
    Espero que te hayas recuperado, y que tu cuore esté fuerte.
    Tengo la intuición o si querés la esperanza, de que seas vos el que escriba nuestra Novela.
    Che, cómo fumamos!
    Un abrazo

    pinti

  7. Conocí a Néstor Ponce en Sevilla, durante un Congreso Universitario sobre las voces en el exilio. Le deseo una pronta mejoría, por supuesto. Me extraña encontrar mi apellido como el de su personaje “chupado”, desaparecido. Yo no lo estoy. Sigo vivito, y coleando bastante, en esta cada día -a pesar del esfuerzo de los descerebrados de siempre por lograr lo contrario- más cosmopolita Barcelona.
    Una historia siniestra, como siniestra fue esa época tan sangrienta y nefasta de Argentina.

    No todos los amigos traicionan, no todos los amores nos engañan indefectiblemente. Amén.

    Último post en el blog de…Dante Bertini…doble cumpleaños

  8. Micho (1 comments) dice:

    Chiquito querido:
    No se puede aparecer con un cuento de desaparecidos y traiciones, con nombres amigos y extrañados y rematar con un problema de salud.
    Tu pluma es cada vez mas barrocamente simple, estilo que comencé a admirar en el Intérprete y que seguí disfrutando en la Bestia.
    Boludo, no te vas a morir ahora después de todo lo que pasamos.
    Ya me voy a intentar conseguir los textos que no leí, y la próxima visita espero verte, en esta llegué al club Universitario al día siguiente que habías estado.
    Un abrazo
    Micho

  9. Marta Silva (2 comments) dice:

    Excelente el cuento, me dejo sin palabras lo mismo que enterarme por este medio que Chiquito o Néstor Ponce tuvo este problema de cuore, ya les estoy escribiendo a su mail, pero quería felicitarlos por haber publicado este cuento, el Chiqui es tan buen escritor como persona.
    Gracias nuevamente.
    Marta Silva

  10. Marta Silva (2 comments) dice:

    Ahora que pude comunicarme con Chiquito y saber que está bien me voy a referir un poco más al cuento, me parecio escalofriante porqué muchos sabemos que esto no es ficción pero la forma en que él lo cuenta me hace sentir nuevamente en esos años siniestros con esos personajes que no solo no se comprometían y no ¿se enteraban? sino que su oportunismo para conseguir algo, ya que por ser tan mediocres no lo podían hacer como profesionales los llevaba a delatar hasta a su amigohermano.
    Chiqui te quiero mucho y recuperate que tenés que seguir escribiendo para deleite de todo nosotros.
    Marta

  11. Santiago (2 comments) dice:

    Querido Chiqui:
    No me sorprende la calidad de tu cuento, ya nos has acostumbrado. Por el contrario me ha dejado helado tu problema de salud. cuando estuviste por acá te ví muy bien (será por eso que no soy médico…).
    Creo que el personaje para hacer de traidor no eras justamente vos, tendrías que haber puesto a otro.
    Espero que te repongas pronto. Un abrazo grande.
    Santiago

  12. Estimado Rébora,

    me alegro por la permanente resurreción textual de Cabezas y me entristezco por la excarcelación del Animal de Luba..

    A esa gente habría que hacerle lo que nos hacen a nosotros, pisarlos como si fueran soretes humanos…

    A fascista fascista y medio…

    En todo caso, gracias por tener las bolas de testimoniar con tu lindo cuento sobre este grave asunto….

    Y decile al Doctor Ponce que se cuide con su corazoncito…

    Señor Padza

  13. Nira Cariou-Caceres (1 comments) dice:

    Estimado Profesor:
    Qué cuento!! Me encanta! Y también me estremece… Recuerdos inolvidables, imborrables, dolorosos! Qué susto lo de su corazon, cuidese que aun tiene mucho que develarnos y relatarnos sobre aquella época, como solo usted sabe hacerlo… con esa pincelada a la Ponce.
    Un abrazo,
    Nora

  14. Adriana castillo (1 comments) dice:

    Querido Nestor, es muy bueno el cuento. Tu cuento es excelente y escalofriante.
    Esto te lo estoy escribiendo bajo los efectos de la primera lectura. Excelente factura. Me has asestado un golpe, como debe ser cuando se llega al desenlace.
    Pero tienes mucha razón. Comportamientos como el de tu abogado, conocí algunos en Chile durante los nefastos años 73 y 74 (después salí al exilio). Desde Francia seguimos sabiendo de estas traiciones por noticias que nos van llegando hasta el día de hoy. Este pasado no pasa…. Insisto: estoy sobrecogida. La escena en el café, madre, Navaja, abogado y la atmósfera que creas, todo eso es de gran plasticidad.. Felicitaciones! Cuídate…Adriana

  15. nadie (3 comments) dice:

    A Nestor le queda mucho tiempo de cuerda y mucha guerra que dar. No sera que el corazon le devolvio algun corazon que rompio hace mucho?o quizas no tanto? De todos modos me alegra saber que se encuentra bien y animarle para que siga escribiendo. Che todavia tiene que cumplir otros cincuenta!! Aunque a veces se merezca que le arranquen las orejas por dar calladas por respuestas. Y diga yo nunca prometi nada. Al fin y al cabo tiene corazon. cuideselo y no parta otros. che. Disfrute d su vida sus libros y su familia. no haga tonterias. le espera el Premio Planeta. como poco. Salute

  16. nadie (3 comments) dice:

    Historias como la contada por Ponce. tambien se han vivido en Espana… yo no escribo. pero os contare una historia. durante anos todos esos relatos. que contaban bajito eran poco menos que tabu.( perdon no tengo comas se cayo una botella de agua en la compu y le borro las comas y el sobrerito de la nh) ahora desde que se hablo de sacar de las fosas a nuestros amados abuelos y abuelas. vuelven esas historias con mayor fuerza y me atreveria a decir:con mas rabia. Tengo una amiga. que me conto la de sus abuelos. Su abuelo era quimico se caso de primeras. tuve tres hijos y como casi normal en la epoca. la mujer murio de parto al nacer el tercero. se caso con su cunhada. ella no encontraria nunca marido. puesto que tenia un hijo y era soltera. y no es bueno que el hombre este solo. aunque visite todas las casas de putas de la comarca. pero debe tener mujer.a ella no la amaba. digamos que si la querria.al menos se entenderian bien ( mi amiga posiblemente me mate)tuvieron ocho hijos. pero como el era muy hombre. agarro una sifilis en una visita que hizo a la capital. naciendo una nenita con una cara de munheca pero cuerpo deforme. En una de las salidas del buen marido. aprovechando las envidias. la acusaron de cualquier cosa que se les ocurrio. ni se sabe. por lo que sin mediar palabra la agarraron y llevaron al cuartel. alli por supuesto estaban los acusadores y el alcalde. tambien habia otro acusado. un amigo del marido de ella. el hombre estaba de pie. junto a una silla vacia. en sus manos una navaja de afeitar. la pena era que el hombre le afeitara la cabeza ( luego no sabemos que hicieron con el ) y ella deberia luego de trabajar en las casas de los ricos de la zona nada a cambio. durante el resto de su vida. mientras el le afeitaba la cabeza lloraba y maldecia. ella le replicaba: calla y sigue. el pelo crecera. Al llegar el marido.se la encontro con un panhuelo en la cabeza. rodeadade las mujeres de la familia. no se hizo nada. no por cobardia de el. sino porque no lo mataran. Paso el tiempo. y ella era esclava de los demas. y cuando llegaba a su casa seguia para cuidar a los ocho hijos. hasta que un dia se encontro a la nenita. se llamaba Isabel. en el suelo tirada. llorando.gimiendo y sucia. con mucha fiebre. la nina no se podia valer por ella misma.por su deformidad. Agarro a la nena se la puso en la cadera y se presento en la casa del alcalde gritando: matame ahora mismo. y matamela a ella tambien. porque nunca mas ire a limpiar a ninguno de ustedes mira como la encontre. nunca mas la vere asi. Luego se volvio a su casa mientras el alcalde gritaba enfurecido. pero nadie le volvio a exigir nada mas a esa mujer.

    El abuelo murio y esta en una fosa. ni se sabe. un dia se lo encontraron desnudo en la calle. con la cabeza ida. decian que como trabajaba con alcoholes se le habian subido a la cabeza y le envenenaron la mente. al manicomio fue a parar. un dia ya no estaba. como o de que murio. nunca se supo. ni tampoco vieron el cuerpo. solo que lo habian enterrado. cristianamente. por supuesto.

    Hace poco estuve en el pueblo. es algo muy especial. tan cerquita de la capital y sin embargo no ha perdido ese encanto de saludar al vecino por la calle. y el cura del pueblo parece sacado de la antiguedad. lleva sotana que cubre una enorme barriga. a mi me miraba con cara de quien sera? me pregunto usted no es de aqui. verdad? pues no. y nada mas. fue estupendo ver la cara de desencanto del pobre. aunque no le sacamos de dudas. posiblente siga preguntadoselo. pues voy d cuando en cuando. me saluda intentando que yo le diga mi nombre. pero no soy nadie. asi que no tengo nombre.

  17. Jacqueline Covo (1 comments) dice:

    Me ha gustado mucho el cuento, Nestor, como va creando una atmósfera casi trivial, con el sabor del lenguaje coloquial de allá -tan distinto del de mi México lindo- y esas ocurrencias poéticas (el árbol de lágrimas) para desembocar en la tragedia, de la que parece que apenas despierta la Argentina.
    Y aprendo que tuvo un percance cardíaco; espero que ahora está del todo bien…. y con mi simpatía porque a mi el año pasado me cambiaron una válvula…. Así que los dos somos beneficiarios de los milagros dela cirurgía actual.
    Un recuerdo amistoso

  18. Negro Rocha (1 comments) dice:

    Sos un “Traidoooooooooooooooooor”
    Menos mal que es una ficción.
    Gracias por tenerme de socio
    Un abrazo el Negro.
    Espero verte bien, que se reponga tu cuore.

  19. Silvia (1 comments) dice:

    Chiquito, Me gusto, pero me resulto terrible, scalofriante, que traición, por más que sea ficción y que socio te fuiste a buscar, che!!! Besos y que te recuperes. Silvia.

  20. Lourdes Guerrero (1 comments) dice:

    Hola Nestor, como siempre un placer saber de ti y leer tus cuentos, ya sabes que soy tu admiradora numero uno en México, que pena lo de tu problema cardiaco, espero que todo este bien y te encuentres mejor de salud.

    y por los chipotles dime y te los envio, no sera igual que venirlos a comer aca, pero los disfrutaras al fin.

    cuidate mucho, espero el proximo año regresar a Europa y reencontrarnos

    PD. ya no trabajo en la Universidad de Guadalajara, pero sigo estudiando ahi.

  21. julia y Juan Pablo (2 comments) dice:

    Saludos, Nes, desde La Plata sólo puedo decir que fui testigo de tus comienzos, tuve en mis manos y conservo las copias dactilografiadas de El intérprete, la primera premiada. Leímos juntos los pasajes de Lola Mora en “La bestia de las diagonales” y seguiste creciendo.

    Felicidades y danos noticias! Espero que de ese problema de salud surja otra novela y que te mejores!!
    Nunca te olvides de los pagos, por más que te hayan tratado mal en otros tiempos, que ya , felizmente, no existen.
    Un abrazo
    julia y Juan Pablo

  22. jose Luis Marino (1 comments) dice:

    Hola Chiquito:
    Por esas cosas de la vida, me ha llegado tu relato, me ha llegado tu recuerdo del Negro. Quizas no me recuerdes, quizas si. Soy ese amigo de la infacia del Negro, que siempre estabamos juntos, en el riva, en lo de Fufo, etc. Soy el que un dia te llamo desde Alemania, con la intencion de ir a visitarte en el año 1990.
    De La Plata, estoy en Colombia, desde hace 9 años. El negro nos unio, el Negro sigue presente en cada amigo, en cada recuerdo, el Negro no se fue, esta detras de la puerta, para sorprendernos.

    un abrazo

    Jose Marino

  23. ¡José! ¡Qué sorpresa! Claro que te recuerdo. Muchas gracias por tus palabras afectuosas. Un abrazo

  24. susana sanz (1 comments) dice:

    hola chiquito, disfrute este cuento gracias a silvia mi hna, soy la cuñada del negro
    soy de lincoln
    el negro fue lo mejor, mi cuñado, mi hermano, mi amigo, el padre de mi hijo, que hoy ya no esta, y un excelente padre y esposo
    imposible no recordarlo, siempre estara en mi corazon,
    hasta pronto y cuidate la salud es importante
    un beso, espero conocernos en algun momento

  25. julia (4 comments) dice:

    Hola Antonio, ya se me está haciendo un hábito entrar a este sitio, es que tu autor es nuestro también, los platenses lo sentimos como un orgullo. Y en relación a esto quería darles un dato, también para Nes, que le puede interesar. Es un blog-antología de la poesía platense. Se que tenés un libro antes de El Intérprete, y era de poesía. No lo das a conocer?
    El sitio es http://www.poesialaplata.blogspot.com/
    Un abrazo largo,
    julia

  26. Adri (1 comments) dice:

    Una pregunta: Donde es la foto que aparece en el cabezal?

  27. Es San Petersburgo. Esa foto me la hizo mi compañera, Lauren Mendinueta, hace un par de años, cuando ambos estuvimos en Rusia invitados por el Instituto Cervantes. Está tomada con una cámara pequeña y la foto no es muy buena, pero la puse ahí como recuerdo porque era víspera de mi cumpleaños. Gracias por preguntar.

  28. Rodrigo Saenz (1 comments) dice:

    Este fabuloso cuento esta para llevarlo al cine y hacer una nueva pelicula y pasarla en el cine. :)

  29. Me ha gustado la información de la página web , la he visto interesante

  30. alejandro (2 comments) dice:

    muy buen cuento de nestor ponce gracias por hacermelo coneocer ,un cuento hecho con realismo, lo conoci hoy a este autor gracias a mi profesora de taller literario y buscando en internet encontre este cuento, es un gran autor que aqui no se lo conoce tanto por lo menos yo no lo conocia, pero ahora me tiene entre sus lectores, lo voy a segur leyendo a nestor

  31. Una gran narración que he disfrutado. Es la primera vez que desembarco en su blog, pero no será la última. Enhorabuena

  32. Es San Petersburgo. Esa foto me la hizo mi compañera, Lauren Mendinueta, hace un par de años, cuando ambos estuvimos en Rusia invitados por el Instituto Cervantes. Está tomada con una cámara pequeña y la foto no es muy buena, pero la puse ahí como recuerdo porque era víspera de mi cumpleaños. Gracias por pregunta

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